Día del Aborígen Americano
En Argentina, la semana del 19 de abril suele llamarse “Semana del Aborigen”, y suelen generarse una buena serie de eventos conmemorativos, festejos y charlas. Para terminar la semana, se ha celebrado en la provincia de Formosa (NE argentino, población netamente indígena) el III Encuentro de Pueblos Originarios de América.
El fin de semana del III Encuentro, me encontraba en el otro extremo del país, en otra región históricamente importante para el mundo aborigen argentino: el oeste de la provincia de Buenos Aires. Participé como disertante en las I Jornadas de Historia del Oeste Bonaerense, que tuvieron lugar en la bellísima y siempre acogedora ciudad de Trenque Lauquen (nombre mapuche que significaría “laguna redonda”). Invitado muy cordialmente por la Biblioteca Popular “B. Rivadavia”, pude disfrutar de un encuentro más que interesante. Pero, a la vez, me encontraba en una ciudad que fue fundada durante la famosa “Campaña del Desierto”, una campaña lanzada a finales del siglo XIX contra las poblaciones nativas que aún ocupaban la Patagonia argentina. El resultado fue el habitual: muerte para ambos bandos, ataques sangrientos, odios, y el exterminio de las culturas mapuche / ranküllche / “salinera” / “manzanera” que ocupaban las pampas y estepas argentinas. Sus descendientes fueron arrinconados en las tierras más inhóspitas, y los que supieron integrarse a la sociedad “huinca” (blanca) quedaron relegados a los estratos más bajos, sitio que siguen ocupando, a pesar de mostrar, en algunas zonas, una fiera resistencia y un orgulloso uso de sus costumbres.
Trenque Lauquen exhibe, en sus calles, el nombre de aquellos que “llevaron la civilización al desierto”. Para otros, son los nombres de los genocidas de un pueblo originario. Para otros, los nombres de los dirigentes de una guerra en la que todos perdieron... En fin, las perspectivas abundan. Lo cierto es que las tierras fueron robadas, los dueños originarios fueron deportados o ejecutados, la cultura se perdió... Actualmente siguen siendo olvidados. Es curioso: la tataranieta del gran cacique mapuche Calfucurá (famoso en la historia argentina) sigue viviendo en Trenque Lauquen... pero ¿alguien más sabe de ella, además de los trenquelauquenses? Los descendientes de los antiguos hijos de la tierra, de los antiguos dueños del cielo y de las flechas, han quedado relegados al papel más bajo dentro de las sociedades actuales.
Ocurre en Trenque Lauquen, y ocurre en el resto del país, y en el resto del continente. Ocurrió con la Campaña del Chaco Argentino, y antes, con los avances de Chile sobre territorio araucano, y antes, con los avances portugueses y paraguayos, y mucho antes, con la destrucción de imperios...
Y sigue ocurriendo en Susques (Jujuy, NO argentino), donde aún sus niños mueren de frío; o en Misiones (NE argentino), donde se enferman de desnutrición; o en Santiago del Estero (centro argentino), donde son asesinados, y sus tierras, robadas; o en Neuquén y Río Negro (Patagonia), donde viven en estepas mientras los “gringos” poseen todas sus antiguas tierras, y sacan petróleo de sus cementerios, y queman el aire y envenenan las aguas... Y en Chaco, Corrientes y Catamarca, donde los trabajadores estacionales indígenas trabajan juntando algodón, yerba mate o caña de azúcar por centavos de dólar por día... Y en Buenos Aires, Rosario, Córdoba y La Plata, donde los indígenas emigrados siguen siendo mano de obra barata, sangre esclava, carne de cañón (hasta que alguna fábrica ilegal se incendia y se descubre la situación, y todos nos “damos cuenta” de lo que pasaba, es decir, reconocemos algo que ya sabíamos pero que preferíamos no reconocer).
Y en resto de Latinoamérica es igual. “Cinco siglos igual”, como diría León Gieco en uno de sus más famosos temas.
¿Qué podemos hacer los bibliotecarios? Uffff... Hay miles de comunidades nativas que necesitan nuestra ayuda. Si quedan muy lejos y no pueden ir, hay muchos colegas que sí lo pueden hacer, y que necesitan apoyo. Hay muchos grupos indígenas viviendo en las grandes ciudades, y ellos también necesitan mucho, mucho apoyo. En mi ciudad, Córdoba, nadie se los da. Y es muy necesario, si nada de esto puede hacerse, que, al menos, se difundan los conocimientos y realidades indígenas desde la biblioteca. Que hagamos más por hacer saber que ellos aún viven, que luchan, que padecen...
Cuando dejaba Trenque Lauquen –para recorrer otras partes del sur de la provincia de Buenos Aires, en mi ya clásico nomadeo- me despedía a la vez de una ciudad hermosa y cordial y de un grupo de gente precioso y muy activo, pero, a la vez, también me despedía de una historia signada de dolor y de lucha, de mucho silencio, de muchas lágrimas vertidas... Me despedía de amplios boulevares cubiertos de árboles y de dedos que aún se levantan, discriminadores. Y pensé que es una realidad tan común en mi país, en nuestro continente, que nadie parece apreciarla. Y, mientras dejaba atrás la ciudad, me vinieron a la memoria unos versos de un poeta mapuche chileno, Elicura Chihuailaf, versos que adoro y que hablan, precisamente, de la libertad del pueblo mapuche, el mismo pueblo que había sido masacrado en esas tierras que yo cruzaba. Con estas palabras los dejo por hoy...
Elel mu kechi malall, kalli amulepe ñi ko
Elel mu kechi malall, wiño petu kuyfimogen.
Feypi Willi kürüf ñi vülü, mogenley ta ti
Inchiñ ñi kom pu che, ñi pu wenüy, mülfen ñi mogen.
Represas no... Que mis raudales sigan.
Represas no... Que vuelva la libertad florida.
Así dice el espíritu del viento sur, que no perece
pues son mi gente, mis amigos, el rocío de la vida.
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