Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

septiembre 09, 2007

Un cuento Qom

Por Sara Plaza

EL GIGANTE KATALÓ Y SU ESPOSA LA REINA DE LAS PESTES [1]

Kataló, el gigante, tiene una esposa que está en la montaña.
No están juntos.
Ella es la reina de las pestes, de las diferentes clases de enfermedades que hay en la montaña.
Kataló favorece a la gente.
Kataló es un rey que tiene poder para salvar o para dar poder para salvar a otro.
Su esposa vive dentro de la montaña.
En ese matrimonio, los dos no tienen trabajos iguales.
Hay piogonak
[2] que son de nosotros y otros que son de los cristianos.
Pero el remedio de Kataló nunca se termina, y las enfermedades tampoco porque esta reina siempre las manda.
Nunca se terminan las medicinas de Kataló, que siempre se las da a los piogonak para que curen.
El no puede parar todo.
Y ella no puede mandar todo.
Así uno ataja al otro.
Ella es Latée na Nalolga (madre de las enfermedades) o Nalolga Laté; también la llaman Kataló Lua, la señora de Kataló.
Y Kataló es Nkalga Ltaá (padre de salvación).
Cuando Kataló ve que su señora manda diferentes clases de enfermedades, al piogonak que está en contacto con él lo llama y le dice cómo y con qué tiene que curar a los enfermos.
Así es.


Hablábamos en la entrada anterior de este blog de que al tiempo no hay que darle la oportunidad de pasar en vano. Hablábamos de que son nuestras manos las que tienen que ponerse a trabajar para que eso no ocurra, y de que es nuestra imaginación la que debería darnos ideas para modelar la arcilla con que vamos esculpiendo nuestros actos día tras día. Hablábamos de mantener vivas nuestras bibliotecas, nuestra curiosidad, nuestras ganas de pensar, de contar, de hacer. Hablábamos, por qué no, de llegar más lejos sin dejar de estar cerca de quienes son el corazón de esa casa del saber, de la cultura, de la historia, de los juegos, de la música, de las leyendas, de las recetas, de los oficios... esa casa de las dudas, de las preguntas, de tantos y tantos tesoros que pueden llegar a encontrarse entre las páginas de un libro, las líneas de un mapa, los sonidos de un casete, las imágenes de un video, las fibras de un tejido, los bajo relieves de una cerámica... Hablábamos, en definitiva, de no olvidar que la razón de nuestra cultura y nuestro saber está en todas y cada una de las personas que surcan cada día la vida, los que la recorrieron antes y los que la andarán después. Que esos bienes nos pertenecen, que los hemos creado juntos, que forman parte de quienes fuimos, que quienes somos y de quienes podemos llegar a ser. Que el saber no es uno, que existen muchas formas de conocimiento y son todas válidas, que nadie nació sabiendo y todos seguimos aprendiendo... La biblioteca, la escuela, son entes maravillosos si nos reúnen, si nos permiten intercambiar ideas, si nos ayudan a poner en marcha nuestros proyectos, los personales y los profesionales, los cotidianos y esos otros que soñamos poner en marcha algún día... Tienen que ser el germen de nuevas inquietudes, la semilla del diálogo. Tienen que permitirnos decir a la vez que preguntar, tienen que valorar nuestras necesidades, nuestras costumbres, nuestras manías... Y tienen que posibilitarnos hacia nuevas formas de mirar, otros modos de escuchar, otras maneras de agarrar, de sostener, de acariciar un libro, un dibujo, una fotografía, una canción, un sueño...
El cuento con el que comenzaba esta entrada del blog sólo pretendía mostrar, con un poquito de poesía, nuestra fragilidad y nuestra enorme fortaleza. Ambas van juntas, de la mano, entrelazadas como las enfermedades y sus remedios. Unidas como las raíces al suelo, el tronco a las raíces, las ramas al tronco, las hojas a las ramas... El viento a las hojas, las alas al viento, los sueños a las alas, la vida a los sueños, la muerte a la vida, la memoria a la muerte, la historia a la memoria y así... Así es. Unidas, pero cada una con un trabajo distinto que llevar a cabo, y necesarias ambas. Y son ellas, las que perduran en cada uno de nosotros y las que podemos notar a través de nuestras acciones. También son las que están presentes en nuestras bibliotecas y en nuestras escuelas, en las pequeñas artesanías y las grandes obras arquitectónicas. Es con ellas con quienes que tenemos que trabajar. Todos contamos con nuestra sensibilidad y nuestro empeño para no darle la oportunidad al tiempo de pasar en vano y aprovechar, en cambio, lo que de bueno puede ofrecernos nuestra sociedad para andar la vida sin prisa pero sin pausa. Un buen ejemplo son las bibliotecas y las escuelas, siempre y cuando podamos seguir moldeándolas hasta que nos sienten bien, como de hecho nos seguimos moldeando nosotros hasta parecernos a quienes queremos llegar a ser... Ya sabemos, porque lo hemos aprendido de los Qom, que Latée na Nalolga, la madre de las enfermedades va a seguir reinando en su montaña, como sabemos que su esposo, Kataló, el padre de la salvación, nos va a seguir ayudando. Ellos seguirán gobernando las enfermedades y sus remedios, y nosotros tendremos que seguir superando las primeras y sacando partido de los segundos, con las ayuda de los piogonak, de las bibliotecas, de las escuelas, y de nuestras manos...

[1] Por José Benítez, indígena Qom o toba. Recogido en “Lo que cuentan los Tobas”, una compilación de Buenaventura Terán publicada por Ediciones del Sol dentro de su colección Biblioteca de Cultura Popular (n. 20, Buenos Aires, 1994)
[2] El shamanismo de los tobas (que se llaman a sí mismos Qom) es principalmente masculino. Según cuenta Terán en el libro citado, los piogonak (shamanes) curan cantando, por succión, con tabaco, grasas y medicinas. [...] se inician al encontrarse con una teogonía o ente potente en el monte, porque otro shamán (generalmente pariente) le traspasa el poder mediante una iniciación colectiva llamada welán o por un sueño.

Si deseas hacernos llegar un comentario, por favor, escríbenos.

Civallero & PlazaBitácora de un músicoBitácora de un escritorBitácora de un bibliotecarioBitácora de un ilustrador